viernes, marzo 6

La educación hace que la mujer pueda tener una manera de decidir

Clasificar a Lila Downs como artista mexicana tiene un enorme riesgo. Cierto que nació en Oaxaca (1968, Tlaxiaco), hija de Anita Sánchez, una cantante mixteca, y de Allen Downs, un profesor de arte estadounidense. Pero no son sus orígenes, ni el hecho de haber vivido después en California y Minnesota, los que ponen en duda tal afirmación: su música bebe tanto de la tradición de su país de origen como de la aportación del blues, el jazz o de los ritmos africanos; corrientes que han enriquecido sus canciones hasta hacerlas formar parte de un idioma universal. Lo que sí hay que reconocer es que Lila Downs es una de las renovadoras -o reinventoras- de la canción con raíces de México, y que la propia Chavela Vargas, costarricense a su pesar, la ha reconocido públicamente como sucesora. «Chavela lo ha dicho para crear problemas», bromeaba ayer en la presentación del concierto que ofrecerá esta noche en Casyc (22.00 horas). «Supongo que tiene que ver con la interpretación de temas tradicionales. Chavela es una gran enamorada de México y al final la tuvimos que adoptar».

«Ella vivió una etapa musical muy importante, en la que se refleja un poco la revolución mexicana, el sentido poético del campesino y la protesta hacia la burguesía. En mi caso, también lo hago, pero más explícito».

Su música, cuando está a punto de publicar su undécimo disco, 'Pecados y milagros', es la crónica de la búsqueda de una identidad, la de su país, que vuelve a recuperar un orgullo indígena «que se le ha negado durante muchos años, cientos de años».

Probablemente sus estudios de Antropología tengan conexión con esa investigación musical, que se ha ido impregnando también de carga política y de denuncia social al toparse con la realidad de una sociedad mexicana violenta y machista y de una población que a menudo persigue una vida mejor al norte de su frontera.

Símbolos que dan fuerza

De todo eso habla en su álbum de inminente aparición, lleno de «símbolos que dan fuerza». Canta al mezcal, «prima hermana del tequila, que ofrendamos a los dioses», y también al comal, el cacharro de barro en el que las indígenas cocinan sus tortillas de maíz. «Vas viendo cómo se cuece el maíz y cómo vamos llorando las lágrimas de nuestra angustia. Y les beso las manos porque siento que su espíritu nos sacará adelante».

Para ilustrar su preocupación por la emigración, relató cómo, hace tiempo, un hombre le pidió que tradujera «el acta de defunción del hijo, que llevaba en la furgoneta». Su doble condición de «niña mexicana y yanqui» le llevó a prestar atención a un problema al que ha dedicado muchas canciones, a esos Estados Unidos «que necesitan mano de obra económica mientras las vidas de los migrantes no son tenidas en cuenta, como si fueran animales».

Lila Downs colabora desde hace una década con el proyecto Casa de la Mujer en Oaxaca, que impulsa la educación de las mujeres indígenas para que éstas sean capaces posteriormente de convertirse en líderes capaces de transformar sus propias comunidades.

«La educación nos libera, hace que la mujer pueda tener una manera de decidir, especialmente cuando viene de una situación muy humilde y de una situación social, como yo misma he vivido, en la que el varón no te respeta por ser mujer. Así que yo las defiendo y peleo por ellas», enfatizó. Reconoció que cuando, cada vez que viaja fuera de México, se le pregunta por la violencia que azota su país, ese proyecto «es una de las cosas más positivas en las que puedo pensar».

Respecto a su actuación de esta noche, adelantó que junto a las piezas más destacadas de su repertorio interpretará las que componen su nuevo disco, para comprobar «si funcionan» con el público. «Somos músicos tradicionales: a la manera del circo, vas probando tu material con el público, con los distintos seres humanos con los que compartes este camino del arte». Seguro que funciona: las entradas llevan semanas agotadas. (JOSÉ AHUMADA | ELDIARIOMONTANES.ES)

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