El escudo de Oaxaca, una historia de amor

feb 15, 11 El escudo de Oaxaca, una historia de amor

La historia de amor entre la princesa zapoteca Donají y el príncipe mixteca Nucano inspiró el escudo del Estado de Oaxaca, primero, y actualmente es el emblema oficial del H. Ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca de Juárez.

Con base en esta leyenda, en 1828, durante el gobierno de José Joaquín Guerrero, se elaboró un escudo para el Estado de Oaxaca dibujado por José María Melo, en donde se aprecia la cabeza yacente de la princesa Donají.

Sin embargo, el gobierno del estado dejó de usarlo y desde 1928 es el escudo oficial del H. Ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca de Juárez.

El escudo de la ciudad de Oaxaca es la imagen de la cabeza de una mujer decapitada identificada como Donají, personaje legendario que habría vivido en los años inmediatamente posteriores a la invasión de Oaxaca por los españoles.

La leyenda de la princesa Donají dice que un pastorcillo que cuidaba a sus animales, en lo que hoy se conoce como San Agustín de las Juntas, cerca del aeropuerto internacional de la ciudad de Oaxaca, encontró un lirio silvestre, flor también conocida como azucena, y en vez de cortarla solamente desde el tallo, decidió arrancarla de raíz. Cuando cavaba pudo ver una oreja humana, después la cabeza completa la cual se dice que se preservaba intacta y que pertenecía a la princesa Donají. Se reconoció por las ricas decoraciones que presentaba.

¿Quién era Donají?

Donají fue la quinta y última hija del rey zapoteca Cosijoeza y de su esposa Coyolicaltzin. Nació en el "onceno mes del año de 1506", seguramente en la población de Zaachila, asiento de la corte zapoteca.

Al nacer la niña Donají y ser presentada al pueblo zapoteca, según costumbre, se pronunció el pronóstico de su futuro, de acuerdo a los agoreros de la nación. El Pontífice Tiboot, manifestó al rey zapoteca: "En los momentos de nacer vuestra hija, allá en Oriente el fuego continuó y deslumbrador abrazaba el horizonte, y sobre el zenit de Teotzapotlán una nube negra y pavorosa se cernía; estas señales indican que la Infanta es precursora de funestos sucesos, en los que por amor a su pueblo, se sacrificará."

Donají ha sido traducido como "alma grande", nombre con el que fue conocida esta princesa en todos los territorios zapotecas. Posteriormente, Donají fue bautizada con el nombre de Doña Juana.

Nace una historia de amor

Años después de su nacimiento se inició una guerra entre mixtecos y zapotecos, eran pueblos igualmente fuertes y poderosos. Los guerreros zapotecas traen a un prisionero moribundo, este prisionero era de clase noble, la princesa Donají lava sus heridas escondiéndolo de sus enemigos. Los jóvenes, en plena edad de soñar, sintieron que el amor había brotado entre ellos uniéndolos para siempre.

Cuando el príncipe Nucano, "Fuego Grande", que tal era el nombre del prisionero se hubo restablecido, pidió a Donají que lo dejara partir.

Enardecida la lucha y habiendo abandonado Zaachila, el valiente Cosijoeza entablaba las negociaciones de paz, los mixtecas las aceptaron pero desconfiando del Rey Zapoteca pidieron en prenda de paz a la princesa Donají, si por alguna circunstancia el Rey Zapoteca no respetaba los tratados, la princesa seria sacrificada.

La princesa Donají durante su cautiverio fue bautizada en la fe cristiana con el nombre de Doña Juana Cortés, pasaron los días y las noches, Donají se sentía humillada al ser prenda de paz, así que envió un mensaje a su padre diciendo que los mixtecas dormían en la placidez de sus dominios de Monte Álban.

La gente de Donají llegó de improviso al campamento donde los mixtecas murieron a millares, cuando la princesa se disponía a huir fue apresada por los mixtecas para vengar en ella el ataque Zapoteca. La bajaron de la montaña mientras ella llamaba a Nucano y pensaba en una forma de mandar sus últimos pensamientos a Zaachila.

La sed de venganza brotó incontenible en los Mixtecas, sobre la princesa Donají y junto a sus aguas del río Atoyac se consumó la venganza.

  • Donají y Nucano descansan en la misma losa en la iglesia de Cuilapam de Guerrero.

Silvia Chavela Rivas

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